Sonriendo y con una copita en la mano: homenaje a Guillermo Arriaga

Por Fluir en Personaje
Sunday, 09 February 2014 17:37

Y Guillermo Arriaga regresó a su casa: El Palacio de Bellas Artes, recinto que tantas veces pisó, en el que tantas veces fue ovacionado. Hace unos meses se le entregó la medalla Miguel Covarrubias, la recibió Cora Flores, pero él sentado en un balcón recibió una tremenda ovación y vio, por última vez, dos representaciones de su Zapata, una de ellas interpretada por Marco Huicochea y Saraí Menchaca.

El Palacio abrió sus puertas una vez más para uno de los personajes que han construido su historia, que la han labrado con trabajo, creatividad y entrega. El maestro Arriaga fue testigo de la celebración-homenaje que le preparó la Coordinación Nacional de Danza-INBA donde quedó de manifiesto todo lo sembrado en una vida dedicada a la danza y al arte: mucha amistad, cariño, admiración y amor. Y fue testigo pues estuvo presente, no en cenizas, pues espíritus como el suyo no caben en ninguna madera ni en ningún recinto, sí en las amistades, en las obras, en los recuerdos y en la energía que se generó en el encuentro. Ya Margarita Tortajada había pedido en su intervención que aquello fuera una fiesta. Y así fue. La danza y la palabra le arrebataron el espacio al llanto y a la tristeza.

Cuauhtémoc Nájera fue el encargado de abrir la celebración con palabras breves. Después un video dividido en tres partes donde diversos personajes hablaron del homenajeado (Cora Flores, Marco Antonio Silva, Saúl Juárez, Magdalena Brezzo, Patricia Aulestia, Carlos López, Lydia Romero, entre muchos otros) y nos dejaron ver la trascendencia de este personaje fundamental para la danza, y no sólo para la danza, sino para la cultura. Un ejemplo de ello fue la presencia de personajes que no pertenecen al ámbito dancístico, como el poeta Enrique González Rojo, que nos recuerda la faceta poética y de compositor de canciones de Arriaga, o Mario Lavista. Los videos fueron un buen marco, aunque no logran la emoción de las palabras presenciales.

Al estrado subieron Patricia Aulestia quien, con voz un tanto entrecortada, recordó la creación del Cenidi-Danza y sus experiencias junto al homenajeado. Después su sobrina y biógrafa dio un discurso muy emotivo. Margarita Tortajada también recordó su legado como creador del ahora Premio INBA-UAM y del Cenidi-Danza, entre otras cosas. El discurso más emotivo fue el de Cora Flores quien recordó a su amigo, las giras, las charlas, los aprendizajes. Un discurso desde dentro lleno de anécdotas como cuando en una gira con Arriaga el embajador de Francia le dijo que le pidiera lo que quisiera y ella pidió ir a un desfile de Christian Dior. Contó cómo es que pudo bailar con él Zapata, en una ocasión que nadie quiso bailarla y él tuvo qué hacerlo a los 53 años. “Guillermo y su familia son los únicos que me dicen ‘Corita’ –contó--. Él me decía ‘Corita, vamos a echarnos una copita’, y por supuesto que la aceptaba”, contó la maestra, quien dijo “no sé qué decirles para que sepan el cariño que le tengo. Con él se va una parte de mí”, para decir que algún día se encontrarán de nuevo. La maestra habló con el corazón, fuera de los discursos preparados. Y logró transmitirnos el cariño, nos emocionó, nos hizo reír, nos conmovió.

Entre una intervención y otra, danza, mucha danza: danza clásica con la primera bailarina de la CND, se bailó Soy, la última coreografía del maestro Arriaga y dos coreografías de los alumnos de la Academia de la Danza que rescata el nacionalismo y nos remitió a tiempos pasados, de charros y tequilas.

Por último el discurso de la directora del INBA, María Cristina Cepeda, quien leyó un discurso frío, biográfico, lo cual cambió hasta que dejó la lectura y contó que lo había conocido personalmente y relató que siempre acudía a él para resolver dudas. Al final, anunció que el premio INBA-UAM, que él creó llevará su nombre. Muchos aplausos y alegría en la sala Ponce que estaba abarrotada. Para terminar, su hija Daniela agradeció a nombre de la familia y anunció que su acervo se quedará en su casa: el INBA.

Fuertísimo aplauso para despedir al maestro quien, seguramente, estaba sonriendo y, ¿por qué no? con una copita en la mano.

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FOTOS: Fausto Jijón

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