Miguel Covarrubias, benefactor anónimo de la danza

Por Gabriela Jiménez Bernal en Personaje
Tuesday, 04 February 2014 17:55

Hoy es el aniversario luctuoso de Miguel Covarrubias (22 de noviembre de 1904-4 de febrero de 1957), figura central para el desarrollo de la danza en nuestro país. Para recordarlo, les dejamos este artículo de Gabriela Jiménez Bernal publicado originalmente en el portal de Danza UNAM. Nosotros lo tomamos del Laboratorio Universitario de Recopilación de la Danza y lo publicamos, pues nos parece un artículo certero para entender el papel de Covarrubias en la danza:

 

Miguel Covarrubias, benefactor anónimo de la danza

Por Gabriela Jiménez Bernal



Su gran faceta como artista visual convirtió a Miguel Covarrubias (1904-1957) en un personaje célebre, hecho que ha eclipsado su importante papel en la danza nacional, específicamente en la década de los años cincuenta.

Infinidad de pasiones y profesiones desempeñó este hombre en pro del gremio dancístico: desde la promoción de la danza hasta la arqueología. Su incursión en este manifestación artística fue muy singular.

Cuenta la historia que Miguel era muy pequeño cuando vio bailar a Ana Pavlova el Jarabe Tapatío de puntitas, un hecho histórico en la danza. Para el artista fue una experiencia sorprendente, cada nota musical y cada movimiento cautivaron sus pupilas y lo guardó en la memoria. De ahí en adelante, la danza se convertiría en un elemento fundamental en su vida.

Tan esencial fue para él, que las dos mujeres que tuvo pertenecieron al mundo de la danza. Covarrubias, llamado por sus amigos El Chamaco, conoció a Rosa Rolando, su primera esposa, en Nueva York, en 1924. Rosa, nacida en Los Angeles, era una conocida bailarina del Morgan Dancers, agrupación que ofrecía presentaciones en Broadway y Europa. En esa época, Covarrubias era uno de los más aclamados caricaturistas residentes en Estados Unidos.

La pareja contrajo nupcias en 1930 y, debido a que compartían intereses en las artes plásticas, la danza y la etnología, colaboraron juntos en diversos proyectos artísticos y viajaron por Europa, Asia, África y América. Covarrubias registró, entre otros aspectos, las diferentes danzas de cada región, tanto en sus ilustraciones como en material audiovisual.

Más adelante 1950, Carlos Chávez nombró a Covarrubias como director de Danza del INBA. A su vez, el artista designó como director de la Academia de la Danza Mexicana al pintor Santos Balmori. Ambos estaban convencidos de la necesidad de la formación técnica y creativa de los bailarines, por lo que contrataron a Xavier Francis y a José Limón para que impartieran cursos de coreografía y teoría de la danza.

El trabajo en equipo cosechó grandes frutos. Un ejemplo de ello fue cuando Limón estrenó en 1951 con el Ballet Mexicano de la Academia, Tonantzintla, con escenografía y vestuario de Covarrubias. Esta coreografía fue el mayor éxito dancístico de la temporada de 1951.

Como titular de la Dirección de Danza, Covarrubias invitó a los más reconocidos bailarines, pintores, escenógrafos, músicos, escritores y coreógrafos de la época para enriquecer el panorama artístico y la creación de obras nacionalistas.

Muestra de ello fue Zapata, coreografía de Guillermo Arriaga con música de José Pablo Moncayo y escenografía y vestuario de Covarrubias. Ésta fue quizá la obra más representativa del nacionalismo de los años cincuenta y una clara muestra de la danza moderna de México. Hay que resaltar que en esta obra participó la bailarina Rocío Sagaón, segunda esposa de Covarrubias, quien ha manifestado en distintas ocasiones que el artista vendía su obra pictórica para mantener vivo al movimiento dancístico nacional.

Esta gran labor que es anónima para la mayoría fue rescatada en una valiosa publicación titulada ¡Viva Miguelito! Los mundos del Chamaco Covarrubias, editado por el programa Alas y Raíces a los Niños del Conaculta, que se puede adquirir en las librerías Educal de todo el país.

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Y una pequeña muestra de su obra.

Si quieren conocer más sobre el trabajo de Covarrubias, entren aquí.

Foto de portada: José Miguel Covarrubias, el chamaco, Autorretrato, 1946, acuarela sobre papel, 38.6 x 32.4 cm. Foto: Museo Soumaya.

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