La danza como objeto olvidado de la Historia del Arte y la discusión sobre su pertinencia en el aparato del museo

Por Ma. Fernanda Ríos Almela* en Missa Brevis
Wednesday, 22 February 2017 00:00

[Este texto fue leído y presentado en el I Coloquio Universitario de Danza y Filosofía,

que se llevó a cabo en mayo de 2016 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Agradecemos a la autora y a lxs organizadorxs por permitirnos publicar este texto]

 

¿Por qué hablar del cuerpo en el arte?, ¿para qué reflexionar sobre el cuerpo como objeto-sujeto de la danza? e incluso, ¿de qué sirve pensar a esta disciplina como parte de la Historia del Arte?

Estas son algunas preguntas que rondaron mi cabeza durante el mes que estuve preparándome para la ponencia. Sin lugar a dudas se trata de un tema muy seductor; sin embargo, no puedo evitar pensar que el objeto de la reflexión, el cuerpo, hace que este estudio se vuelva aparentemente un ejercicio inútil, no obstante habrá que delimitar el porqué.

El objeto principal de esta reflexión se define a sí mismo como orgánico, perecedero, cambiante y por consecuencia inasible; el cuerpo de hoy jamás será el cuerpo de mañana, lo cual lleva a muchos conflictos para encontrar una posible solución o verdad. La gran contradicción empieza a ganar fuerza cuando nos damos cuenta de que la propia naturaleza nos señala al cuerpo igual de orgánico que su objeto de estudio, y con esto delimita la manera de su abordaje como concepto, sujeto u objeto.

Partamos entonces de que esta consideración no busca llegar a una noción de verdad, más bien otorguémosle el sentido de mera reflexión ya que una de las ventajas de estudiar arte es su terreno fértil para el ejercicio de la interpretación subjetiva.

Pensar el cuerpo en el arte puede tener muchas implicaciones; sin embargo, lo que nos convoca aquí el día de hoy y que es de mi particular interés, es su lugar como herramienta creativa para la conformación de una disciplina, la danza.

¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente cuando escuchamos el término danza? Podría ser: un arte que a través del cuerpo ejecuta movimientos sistemáticos para representar emociones y circunstancias, con fines artísticos, de entretenimiento o religiosos mediante el seguimiento de cierto compás o ritmo llevado por la música, normalmente en un espacio delimitado como escenario. Pero esta definición encierra algunas problemáticas en tres momentos de su enunciación.

Por una parte, si se trata de sólo entender a la danza como una serie de movimientos sistemáticos, es decir para fines prácticos, una coreografía ¿qué sucede con las propuestas donde el movimiento es casi imperceptible?, ¿no es danza?, cuando el desarrollo de la pieza artística no lleva música, aunque de manera natural fluya en los bailarines el ritmo de la ejecución, ¿es danza? Y ¿qué sucede cuando el espacio consignado para su ejecución no es un escenario?, ¿ya no es danza, cambia su definición de arte escénico por objeto artístico contemporáneo? De aquí se pueden sujetar cientos de preguntas que hagan énfasis en los parámetros mediante los cuales podemos meter a una disciplina en una definición, lo cual me parece, es el objeto principal de esta ponencia.

 

 

 "Residuos de acciones" en el Teatro Sergio Magaña, coreografía Leonor Maldonado

 

Por otra parte, la idea de la danza como entretenimiento es otra de las aristas que lleva a la problematización de la definición de la danza como arte dentro de la  Historia del Arte, ¿es acaso la danza un arte supeditado al mero entretenimiento?,  ¿no es o no ha sido a lo largo de su trayecto histórico, capaz de formar un aparato crítico de su propia condición como metáfora de los parámetros de la sociedad, como disciplina reveladora de sistemas, siendo el soporte donde se atraviesan todos los posibles devenires de nuestra cultura? a mi parecer sí ha sido capaz y en este momento histórico es más claro que nunca.

Para este momento ya hemos visitado cuatro funciones que se ligan a la definición clásica de danza según la disciplina académica de la Historia del Arte, mismas que a mi parecer son justo las características que la han limitado a lo largo de su desarrollo. De acuerdo con estas concepciones, no es posible contener ni estudiar la danza como objeto fijo e inalterable; no tiene criterios unívocos que lleven a una definición exacta; por su trayecto histórico se puede observar cómo la danza ha evolucionado de sólo ser un divertimento a ser una forma completa de expresión, apostando por la autocrítica y revelación del mundo que la rodea y por último, se ha pensado a la danza como una expresión hecha sólo a la medida de los escenarios, obligándola a delimitar sus propios espacios expositivos no pudiendo explorar al cuerpo como cuerpo-espacio, donde el espacio intervenido por ella también juega un papel importante y puede crear relaciones de significado donde se percibe al cuerpo en relación con su espacio de interpretación, al cuerpo del otro e incluso a sí mismo.

 

 "Floor of the forest", de Trisha Brown, en el Museo Tamayo/CDMX. Ceprodac.

 

Esto nos lleva a visitar a la danza como el lugar generador de más de una definición de sí misma, debatiendo sus propias limitaciones y luchando contra las antiguas determinaciones que han invisibilizado gran variedad de posturas e historias que se han construido desde otros lugares, que como dice la coreógrafa Leonor Maldonado:

 

Han negado décadas de propuestas e investigaciones, cuestionamientos acerca del nombre mismo de la disciplina, cuestionamientos en torno a la separación de la coreografía y la danza y a un gran número de coreógrafos/bailarines preocupados y ocupados por pensar su lugar en el mundo, la interrelación con la comunidad, en trabajar desde estructuras más horizontales, y cuestionando en el hacer mismo las relaciones jerárquicas de poder, las ideas normalizantes de cuerpos y las políticas corporales y culturales de su entorno.[1]

 

Sin lugar a dudas, o más bien hacia lo contrario, genera muchas más dudas, la disciplina de lo corporal a partir de sus actores ha cambiado la forma de mirarse queriendo también cambiar el cómo la miramos. Con el cambio de siglo, entrando el siglo XX, no sólo las artes plásticas sino también la danza comenzó a romper sus propios límites, denominándose como danza moderna;[2] el cuerpo comenzó a pensarse a sí mismo como Michael Foucault define el cuerpo-dócil, como aquel cuerpo fácilmente habituado por las reglas de la vida cultural, respondiendo inevitablemente a nuestras maneras de habitar el mundo y pensándose a sí como la instancia fundamental a partir de la cual tenemos acceso al mundo, siendo atravesado por varios procesos sociales y culturales. Irónicamente para responder a esta idea, la danza replica a la modernidad alejándose de las definiciones que se le habían adherido por parte de la Historia del Arte, para autohabilitarse y habitar el espacio del museo. Como se mencionó anteriormente, la disciplina de lo corporal, como me gusta llamarla, dio un salto en su propio quehacer abriendo sus fronteras, rebelándose ante lo establecido por la historia y adecuando sus discursos hacia nuevas apuestas que se ven soportadas por el contexto moderno y más tarde contemporáneo de la ruptura.

Su entrada al aparato del museo es una de varias respuestas a la modernidad y más tarde a la contemporaneidad; sin embargo, es la que retomo para esta ponencia ya que a mí parecer es la más irónica.

Por una parte, la danza busca ahora dentro de este contexto salir de la invisibilidad que la propia Historia del Arte le ha procurado, pero lo pretende hacer desde su propio sistema, es decir, se acerca al museo como aparato de legitimación, ya que estemos o no de acuerdo con la figura del museo, éste juega un papel fundamental en la legitimación y definición del arte como arte, y parece ser que el lugar idóneo para que la danza forme parte de la canasta básica de la alimentación cultural de la sociedad, es el museo.

 

 

 “En torno a ± I96I La expansión de las artes”, en el Museo Reina Sofía, Perfomances de Simone Forti

 

¿Qué implicaciones tiene que la danza apueste por ser parte del museo? A mí parecer tiene varias positivas y negativas, no obstante se debe tener en cuenta que esta idea solamente involucra de manera particular a una parte del espectro total de la danza, porque existen y seguirán existiendo muchas variantes de esta disciplina que o buscan desde sus trincheras hacerse notar o siguen el camino establecido por la historia sin mirar más allá de sus fronteras. En cuanto a las implicaciones positivas, me parece que de acuerdo con lo descrito en este tiempo, es evidente que se busca una legitimación de la disciplina dentro de la materia que se ocupa de su estudio la Historia del Arte, así como una apropiación cada vez mayor por parte de la sociedad, sin olvidar que se busca la evolución de la representación de los discursos a través de lo corporal desdibujando sus límites y buscando una no definición que abandone lo limitante, para revisar al cuerpo como forma simbólica, que contiene en sí mismo la significación del yo y la existencia/presencia a través de la carne.

Por otra parte, también encontramos implicaciones negativas, como un compañero alguna vez me cuestionó, ¿no la danza al entrar al museo es como si la contuvieras y le quitaras la libertad?, ¿no el entrar al museo implica inscribirla al canon de lo establecido por la academia y entonces éste le quita su carácter natural de representación?, ¿realmente la danza no es plena en sus propios espacios?, ¿por qué invadir otros espacios de representación? y como yo misma me he preguntado, ¿no es convertirla en objeto artístico y renunciar a su forma como arte escénico?

Son preguntas que no tienen una respuesta ni simple ni inmediata, pero creo que una respuesta sostenible de acuerdo con la hipótesis que se ha estado planteando es que no, la danza no es plena en sus propios espacios ya que los ha desbordado, su historia ha sido de evolución y de respuesta a su contexto histórico-cultural, aunque haya sido ignorado y por lo tanto creo que es urgente apostar por lo que no se ha experimentado para poder contestar no sólo estas preguntas sino muchas que se puedan colgar de esta evaluación, y estudiar a la danza con todos sus estados de posibilidad.

En palabras Martha Graham:

 

“Enfrentar el asombro, inquietud, sin la protección de los montajes y saberes hechos, esta existencia corpórea en bruto, incongruente. Hacer percibir que ella de ninguna manera es evidente, ahondar la distancia entre sí mismo y el propio cuerpo para enseguida llenarla mejor, únicamente los latidos del corazón, ¡qué angustia! Y la mano, ese animal extraño, y la caminata… Aceptar la vulnerabilidad, dejarla ver.[3]

 

 

Bibliografía complementaria

 

Bourdieu, Pierre. 1991. El sentido práctico. España: Taurus, 450.

 Cámara, Elizabeth, Escudero, Alejandra, Lynton, Anabel y Lavalle Josefina. 2001. Teoría y práctica del arte. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 540.

Cohen, Selma Jeanne. 1998. International Encyclopedia of DANCE. A Project of Dance Perspectives Foundation, Inc. Nueva York: Oxford University Press, Volume 4, 347-350.

De león, Marisa. Espectáculos escénicos. Producción y difusión. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Instituto Mexiquense de Cultura, 310.

Dempsey, Amy. 1999. The Essential Encyclopaedic Guide to Modern Art. Inglaterra: Thames & Hudson, 312.

Foucault, Michel.1972. The Archeology of Knowledge. Inglaterra. Fumagalli, Vito.1990. El cuerpo en la edad media. España: Nerea, 114. Greenberg, Clement. 1961. Arte y cultura. España: Paidós estética, 305.

Grimson, Alejandro. 2011. Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad.  Argentina: Siglo XXI, 266.

Islas, Hilda.1995. Tecnologías corporales: danza, cuerpo e historia. Serie de investigación y documentación de las artes. México: Segunda Época, 152- 157.

Juanes, Jorge. 2010. Territorios de arte contemporáneo. Del arte cristiano al arte sin fronteras. México: Itaca, 483.

Le Breton, David. 1995. Antropología del cuerpo y modernidad. Argentina: Nueva Visión, 254.

Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas. 2005. Una historia del cuerpo en la Edad Media. España: Paidós, 167.

Lepecki, André. 2008. Agotar la danza. Performance y política del movimiento. Alcalá: Universidad de Alcalá, 242.

López Velarde Fonseca, Ramón. 2007. Historia Universal de la danza. México: Universidad Autónoma de Querétaro, 100.

Matoso, Elina. 2010. El cuerpo In – cierto, arte/cultura/sociedad. Argentina: Universidad de Buenos Aires/ Letra viva, 233.

Merleau – Ponty, M. 1962. Phenomenology of Perception, 463.

Negishi, Analía. 2010. Cuerpo y modernidad. Ensayo. Universidad de Buenos Aires. 2010.

Taman, Rolf. 2007. El arte en la Italia del Renacimiento. Alemania: Ullmann & Könemann, 6-12.

Thuillier, Jacques. 2008. Teoría general de la historia del arte. México: Fondo de Cultura Económica, 126.

Witker, Rodrigo. 2001. Los museos. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 63.

 

 

 NOTAS

 

[1] Leonor Maldonado, “Pensar con el cuerpo”, en Revista Tierra adentro 212, 2016, Dossier.

[2] Claude Pujade-Renaud, Martha o la mentira del movimiento. Traducido por Solange Lebourges. Ciudad de México, Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2011, p. 24.

[3]  Ibid., p. 71.

 

*Posgrado en Historia del Arte- UNAM

Foto de portada: Jean Paul Carstensen en charla de Mariana Arteaga, en las Jornadas Errante, Querétaro.

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