Gestionar la castración. Administrar la pobreza. Apuntes a una última función de Ballet Teatro del Espacio

Por Gustavo Emilio Rosales en Missa Brevis
Wednesday, 13 July 2016 00:00

Olvido. Pérdida o cese de un recuerdo, o hecho de no estar presente algo o alguien en la memoria.
Ausencia. Circunstancia de estar ausente o de no existir alguien o algo en determinado lugar.
Desprecio. Falta de aprecio.
Absurdo. Contrario a la razón.
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Si la primera imagen que ilustra estos apuntes hubiera sido captada por la función interactiva del programa Google Maps meses antes de octubre de 2009 y no en febrero de 2015, como en verdad ocurrió, estaríamos observando un panorama diferente: al comedero, la entrada del estacionamiento y la valla tapizada de carteles publicitarios los desplazaría una superficie de cristales transparentes, que nos permitirían mirar a través de ellos el trajín de cuerpos transformados -por medio de arduos y cotidianos procesos de técnica y creación- para hacer de sí mismos canales de expresión poética de la intimidad de la persona y el misterio abismal de la existencia.
   Si en lugar de una foto de esa época, estuviéramos viendo el registro en video -también captado antes del final de 2009- de una jornada laboral exactamente en este sitio, que corresponde al número 218 de la calle Hamburgo, en el corazón de la Ciudad de México, estaríamos contemplando un letrero que dice "Teatro Espacio Cultural" y la presencia de dos adultos mayores que parecen, a la distancia, disfrazados para aparentar serlo, pues su energía resulta juvenil: los apremia llegar a temprana hora -mucho antes del horario de oficina- para disponer su cuerpo, mente y espíritu en un estado de excepción que les permita insuflar confianza, arrojo y anhelo de transformación a los miembros de Ballet Teatro del Espacio (BTE), la agrupación por ellos dirigida, que allí -justo donde hoy hay un contexto banal, intrascendente y declaradamente feo- contaba con su sede: la dimensión tangible donde podrían gestar las maravillas intangibles del pensamiento filosófico decantado en danza artística.

Calle Hamburgo, número 218; otrora Teatro Espacio Cultural, sede de Ballet Teatro del Espacio. Google Maps.


De esta clase de cambios también está hecho el tiempo. De aquello que se pierde, de aquello que se deja perder.
   Hoy, a unas horas de haber estado en el Palacio de Bellas Artes, en la presentación de la tríada documental que conforma la edición Memoria. Ballet Teatro del Espacio y sus antecedentes; de haber experimentado un vuelco en el corazón al constatar la reunión de personas, reintegradas de la diáspora que significó el fin de la compañía, en abrazo inmediato y llanto desbordado; de haber admirado la impecable inteligencia, el valor sin mácula de la maestra Gladiola Orozco, quien es, no tengo duda, un ser iluminado; de haber sido parte de una especie de rito funeral al maestro Michel Descombey, quien murió de tristeza al no poder rescatar el teatro que él mismo ideó, donde originalmente operaba un taller mecánico; no puedo, aunque quisiera (y no quiero hacerlo) olvidar.
   El olvido, como tal, se desarrolla en el crisol de actos perceptivos; y yo percibo que en la foto actual del número 218 de la calle Hamburgo no existe un ápice de estímulos que desarrollen la conciencia, que enaltezcan al cuerpo; percibo que los funcionarios del INBA y Conaculta a quienes públicamente los actuales funcionarios del INBA y Secretaría de Cultura (flamante nombre de lo que era Conaculta) atribuyen el enorme error, la "desatención" de haber conducido a BTE hacia la muerte, al retirarle todo apoyo, son los mismos que los actuales funcionarios de las instituciones mencionadas (y, dado el caso, renombradas), que atribuyen el abandono mencionado a funcionarios que apenas si difieren de ellos mismos.
   Si un funcionario cultural, que vive como príncipe a partir de recursos extraídos del erario, se demuestra incapaz de apreciar los bienes culturales a su resguardo, está demostrando no ser apto para cumplir la alta responsabilidad que implica su puesto; ¿no es así? ¿Cuál es el papel, en una nación considerada por su presidente (por cierto, no lector) "en pleno camino hacia el mejor de los crecimientos", de un funcionario disfuncional?
   En México, los funcionarios sobreviven del mejor modo a sus errores más atroces; jamás asumen responsabilidad (sus fracasos se deben a "eventualidades"), son alérgicos a la crítica, y nunca, pero nunca, dejan de vivir -lo repito, lo sé- como príncipes: jugosos dividendos, dinero extra a discreción, autos de lujo con chofer, viajes en primera línea y todo pago, "compensaciones" con las que una familia tipo podría vivir hasta tres años o más. Y su labor, al parecer, consiste en recortar, en negar, en cerrar, en estrechar, en derrochar, en abrir puertas al amante y, cuando no les queda otro camino, en declarar que las cosas iban bien hasta que empezaron a ir mal, debido a "eventualidades". Para que esta supervivencia invariablemente se consolide es fundamental el concurso cómplice de ciudadanos acríticos y conformistas; ciudadanos -no pocos artistas- decididos a vivir en la inmediatez y exclusivamente para sí y para consumir, que aprecian la existencia del otro tan sólo como un fin.

   La percepción, a través de una mínima inspección de juicio, me dice del valor de la memoria realizada por la maestra Orozco: de su significación como informaciones fincadas en el rigor de una memoria vigilante. Pero esa misma percepción me indica que tal y cual funcionario, como el dinosaurio del cuento de Monterroso, sigue allí (tienen décadas de seguir allí), mientras que tal y cual revista, teatro, programa cultural, presupuesto educativo, apoyo para la producción de las artes, ha dejado de existir.
   Funcionarios presentes, que la próxima quincena volverán a ganar cantidades que tú y yo tardaríamos meses en reunir, por el dudoso mérito de gestionar la castración de programas y administrar la pobreza presupuestal a su cargo; realidades poéticas y académicas productoras de altos valores simbólicos, ausentes. Ecuación del absurdo.
   Es pertinente considerar que, sin cambios artísticos radicales en su seno, BTE se encaminaba al cese de actividades como compañía. Al unísono, es pertinente considerar que su cálido y operativo espacio pudo haber funcionado un largo tiempo más, administrado por los maestros Gladiola y Michel y por un cuerpo docente articulado por bailarines experimentados, con el fin de ser Casa de la Danza: ámbito de enseñanza, albergue de prácticas escénicas de grupos diversos y también de solistas, sede de una mediateca especializada en arte coreográfico, recinto promotor de la danza a través de exposiciones, conversatorios, talleres y encuentros informales.
   Al menos, a título personal, hubiera preferido que mis hijos y los hijos de mis hijos crecieran en esta ciudad sabiendo que en ella existen lugares a los que se va a ser y a mirar ser desde el placer, el ejercicio lúcido del misterio del acto poético y la imaginación exacerbada; lugares de magia y esplendor, que los hicieran sentir dichosos de haber nacido y en cuyas paredes lucieran, portentosas, sentencias como la de Bakunin (segunda foto de esta nota), que a diario recibía a los bailarines de BTE de camino a sus zonas de trabajo, y no tan sólo geografías de la banalidad -como este sucio estacionamiento de mierda-, cuya insignificancia desdice la grandeza de lo humano.

Este es el letrero que recibía diariamente a los miembros de Ballet Teatro del Espacio.

 

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http://www.balletteatrodelespacio.com/

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