El nacimiento de la danza escénica occidental. Danza, cuerpo e individualismo

Por Addy Victoria Hurtazo Oliva* en Missa Brevis
Monday, 10 October 2016 00:00

[Este texto fue leído y presentado en el I Coloquio Universitario de Danza y Filosofía, que se llevó a cabo en octubre de 2016 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Agradecemos a la autora y a l@s organizador@s por permitirnos publicar este texto]

 

Partimos de que la danza es una construcción histórica social, determinada por múltiples elementos que le dan forma, que se estructura según un contexto social, que se explica dentro de circunstancias sociales específicas que la definen y le dan significado. Es decir, que se produce, reproduce y transforma históricamente.

En esta pequeña reflexión me centraré en un elemento que considero ha definido y determinado en gran medida la forma en la que danzamos. Esto es la representación del cuerpo en la danza.

Siguiendo la reflexión sociología en torno al cuerpo, David Le Breton (2002: 27) platea que “el cuerpo es una falsa evidencia: no es un dato evidente, sino el efecto de una elaboración social y cultural”. Así, cada sociedad esboza al interior de sí una interpretación del cuerpo, la cual contiene una visión del mundo en la que se expresan sus valores y significaciones, a partir de los cuales le da sentido y sustento a todos los miembros de la sociedad.

En este sentido, la danza escénica occidental surge en el marco de la Modernidad, ésta como un proyecto político-económico que buscaba instaurar y legitimar un nuevo orden social, en el cual se requería de un factor de individuación nos dice Le Breton (1985; 2002a; 2002b) retomando a Durkheim, y éste fue el cuerpo. Señala Le Breton que la noción de cuerpo es un producto del individualismo, “es precisamente esa visión del mundo que coloca en su centro al individuo (el ego cogito cartesiano) la que sirve de base a nuestras concepciones predominantes sobre el cuerpo” (1985: 31).

El ego cogito que determinará nuestra relación con el mundo, establecerá una desvalorización del cuerpo, priorizando el pensar sobre el sentir; sienta las bases de una epistemología dualista, expresada en la dicotomía mente/ cuerpo en donde el cuerpo quedará fuera en la construcción del conocimiento, como tema, como posibilidad de problematización y como posibilidad de desarrollar un conocimiento sensible en todos los ámbitos de comprensión; asimismo se prioriza la razón en detrimento de lo afectivo. Así, en la danza ocurre una desvinculación de lo sensible, en favor de lo técnico. El cuerpo será visto como un instrumento, despojado de su integridad simbólico-cultural y social.

La danza quedará separada del mundo simbólico (Andreella, 2010: 12-17) y desvinculada de la sociedad al ser convertida en una práctica de especialistas y, por tanto, excluyente. En donde, en este proceso de individuación como lo señala Le Breton, “la vía está abierta para desposeer al hombre común de un saber sobre su cuerpo y convertir ese saber en el privilegio de un grupo de especialistas, protegidos por la complejidad de su discurso” (1985: 35).

Convertida en una práctica legitimada por un discurso en torno al cuerpo, discurso que queda codificado en una técnica dancística que es asequible sólo a un grupo reducido de la sociedad. Surge así la danza como forma artística, como lo señala el filósofo Fabrizio Andreella:

Insistamos: aquí no nace la historia de la danza sino una historia de la danza, quizá la menos indicada para comprender la relación entre su propio lenguaje y el mundo de significados en que se inserta. Porque es la historia del arte de la danza… que es parte de la historia de esta forma expresiva pero no la agota (2010: 71).

Asimismo, el cuerpo al ser desintegrado política, social y culturalmente, queda susceptible de manipulación y dominación de fuerzas político-sociales que actúan sobre él que se expresan en diferentes ámbitos. En nuestro caso, en la danza, el cuerpo, que al ser visto como instrumento para la práctica, será sometido a mandatos de una disciplina, que devienen de un poder político-social. Como lo señala Zulai Macias:

La práctica de la danza escénica está asegurada por una disciplina que exige cumplir patrones de productividad y eficacia corporal, con la finalidad de colonizar, unificar y volver afirmativos a los cuerpos de sus practicantes. Las formas de subjetivación que se producen en las instituciones dancísticas y que se traspasan al escenario exhiben una micropolítica que configura un discurso de sometimiento, y que supone juegos de poderes entre alumnos y maestros, y entre coreógrafos y ejecutantes.

En las sociedades occidentales en donde, como lo señala Le Breton, la división social es la regla (2002b: 8), se desvincula al ser social de su cuerpo y ahora se es mujer/ hombre, joven/ viejo, pobre/ rico; categorizaciones todas ellas jerarquizadas de relación social, que son así existencias relacionales y “cuerpos socialmente diferenciados” (Bourdieu, 2005:38).

Por consiguiente, como parte de los cambios con los que emerge la Modernidad, la danza sufre a su vez un proceso de transformación. La nueva forma de concebir al cuerpo en la Modernidad será así, un elemento que posibilite una transformación de las relaciones sociales, un cambio profundo en la forma de relacionarnos con el cuerpo y, en este sentido, en la forma de hacer danza.

El individualismo es uno de los elementos que constituyen a la danza, como un eje a partir del cual se desencadenaran otros elementos que van estructurando y formando lo que llamamos danza escénica occidental.

En este sentido me pregunto si desde la danza, es decir, si desde el replanteamiento de las formas de relacionarnos con el cuerpo, es posible hacer un cuestionamiento a nuestras sociedades. Un cuestionarnos desde el cuerpo en un espacio teórico, desde la sociología con el cuerpo y desde el espacio de la danza, como un espacio que genere reflexión, proponiendo una práctica integral, en donde la reflexión se encuentre en constante diálogo entre teoría y práctica.

Considero así, que la danza posibilita un espacio de investigación y no sólo de ejecución y reproducción de movimientos previamente codificados.

Cuestionar formas impuestas que van desde la forma legítima de conocer, es decir, la razón (moderna) como categoría única de conocimiento, hasta las formas político económicas y sociales de organizarnos, en donde como naciones dependientes dentro del proyecto económico político de la modernidad, asumimos y reproducimos una representación del cuerpo que determinó una forma de relacionarnos corporalmente y a su vez que contribuye a reproducir valores económicos y políticos.

 En este sentido, me parece importante cuestionarme cómo desde la danza pueden reproducirse prácticas y discursos, discursos que a su vez se encarnan en los cuerpos; así, planteo que es desde y con el cuerpo, reconociéndolo como forma epistémica que podemos analizar problemas cotidianos y estructuras arraigadas en nuestro ser social.

 

Bibliografía

 

Andreella, Fabrizio (2010), El cuerpo suspendido. Códigos y símbolos de la danza de la modernidad, México, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Bourdieu, Pierre (2005), La dominación masculina, Barcelona, Anagrama.

Gastón, Enrique (2008), Sociología del ballet. Fundamentos racionales y sociológicos de la danza, México, Seminario de Cultura Mexicana.

Islas, Hilda (1995), Tecnologías corporales, México, INBA, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón. CNA.

------------------------ (comp.) (2001), De la historia al cuerpo y del cuerpo a la danza: elementos metodológicos para la investigación histórica de la danza, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Le Breton, David (1985), “Cuerpo e Individualismo”, en Revista Diógenes, núm. 131 otoño.

------------------------ (2002a), La Sociología del cuerpo, Buenos Aires, Nueva Visión

 ---------------------- (2002b), Antropología del cuerpo y modernidad, Buenos Aires, Nueva Visión.

Sevilla, Amparo (1990), Danza, cultura y clases sociales, México, INBA, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón. CNA.

Tortajada Quiroz, Margarita (1995), Danza y poder, México, INBA, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón. CNA.

Traversa, Oscar (2010), “El espectador inexperto”, en Szperling Silvina y Temperley Susana (comps.), Terpsícore en ceros y unos. Ensayos de videodanza, Buenos Aires, Guadalquivir, CCEBA.

Vignolo, Alejandra (2010), “La video-danza “entre” la percepción cinematográfica y la percepción danza”, en Szperling Silvina y Temperley Susana (comps.). Terpsícore en ceros y unos. Ensayos de videodanza, Buenos Aires, Guadalquivir, CCEBA.

Macias, Zulai, (n.d.), “El contrapoder silencioso de la danza académica”, en Revista DCO, Revista iberoamericana México-España-Argentina  http://www.dcozulai.blogspot.mx/

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*Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM.

 

FOTOS: Portada:  Caecitas, de La Tempestad / Texto:  En tercera persona, de Physical Momentum Project

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