Cuestionar los privilegios dentro de la danza: un camino para eliminar el abuso en el medio

Por Adriana Segovia* en Mesa Verde
Wednesday, 20 April 2016 00:00

Comencé a escribir este texto el verano pasado, tiempo en el que tuve que cerrar mi cuenta de Facebook al recibir diversas amenazas por unirme a la campaña Yo Aborté, a favor de la despenalización del aborto y de los derechos reproductivos de las mujeres. A veces lo leía y otras tantas lo desechaba cuestionando si no era producto de mi propio enojo al encontrar tanta violencia derivada de la ignorancia inducida. Hoy entiendo que esta es una de las maneras que he encontrado para organizar mi rabia. Hoy asumo compartirlo desde mi perspectiva como bailarina y maestra de danza contemporánea.

 Aclaro que escribo con lenguaje incluyente y este es el motivo de utilizar la equis y me niego a redactar desde el androcentrismo y la discriminación de género sin importar lo que diga la RAE. No responderé ninguna crítica a esto ya que es una postura política, social y de vida propia sobre la que no discutiré.

 Una vez aclarado el punto, prosigo. El detonante es el género esta ocasión y no es una cuestión de lucha de poder entre hombres y mujeres como suelen vendernos la idea. El asunto es más complejo y suele calar porque critica un sistema de creencias con el que hemos crecido, una ideología bien aprendida que implica la adquisición de privilegios a través de la opresión de todxs aquellxs seres por los que se pueda pasar encima para lograr objetivos diversos (mujeres, niñxs, homosexuales, indígenas, gente con escasos recursos económicos y con rezago educativo, animales, plantas, la tierra y recursos naturales no renovables, entre otrxs).

 La lucha contra los feminicidios, para visibilizar y erradicar la violencia de género y para favorecer los derechos de las mujeres, es una constante en quienes decidimos asumirnos como feministas. Cada una pelea desde su trinchera elegida, incluyendo nuestros cuerpos y nuestro patriarcado interno, para deconstruirnos y entonces generar otros espacios. El enemigo mayor es el mismo que mató a Edilberto en Ostula, que desapareció a miles de personas incluyendo a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el mismo responsable del incendio en la guardería ABC y en el asilo Nuevo Amanecer. Son tantas las que nos debe este Estado... Sin embargo, el otro enemigo es más complejo porque es un sistema compuesto por personas que avalan al Estado al justificar acciones feminicidas (fácticas o potenciales), al ignorar e invisibilizar la violencia contra las mujeres, al sepultar en el olvido que en este país nos matan como moscas, a no atreverse a cuestionar cómo funciona porque eso implica cuestionar los privilegios propios.

 El punto medular de este texto es la violencia contra las mujeres dentro de la danza. Para contextualizar, existe suficiente material de donde echar mano para visibilizar los diferentes tipos de violencia hacia las mujeres en todas las esferas, desde el acoso callejero mal conocido como piropo (porque, claro, como mujer debes aceptar los halagos con palabras bonitas que te hace cualquier persona aunque te sientas incómoda con ello o porque eso te levanta el ánimo), la violencia emocional (ser humilladx, ignoradx, minimizadx, chantajeadx o descalificadx), la violencia física (golpes, pellizcos, empujones, laceraciones, abuso sexual, violación), la privación de derechos fundamentales (civiles, políticos, económicos, sociales, laborales, culturales y colectivos) y el feminicidio.

 Una vez que se ha ampliado el panorama y se han visibilizado las diferentes esferas de violencia podemos identificar cuáles se encuentran en nuestro entorno inmediato, entendiendo este ejercicio como una forma de erradicación de la misma y no de victimización. De ahí surgen los proyectos artísticos y culturales con los que he decidido trabajar.

Desde hace casi diez años me he dedicado a la docencia a través del movimiento de manera ininterrumpida en diferentes lugares, dentro y fuera del país, con poblaciones muy distintas. Justo a la mitad de este camino viví un acoso que derivó en un abuso sexual dentro de mi trabajo. Esto me llevó a replantearme por completo qué iba a hacer conmigo. Estaba más que claro qué iba a hacer en cuanto a la vía legal, pero no sabía qué hacer con lo que había pasado dentro de mí. Sentía que algo se había roto. Hubo gente que me sugería darle vuelta a la página y olvidar lo sucedido, pero decidí hacerme caso y trabajar en mí, conmigo. Me encontraba en un montaje coreográfico y por primera vez en diez años de bailar sin interrupción me di cuenta de que no sabía si quería seguir haciéndolo o no.

 De lo que tenía la certeza absoluta era de que no quería someterme a la dinámica de violencia que se da en la danza, donde bailas gratis o hasta que se liberen los pagos de la función o de la beca, donde tienes que adaptarte a grupos en los que hay bailarinxs que te tiran una sutil (y a veces no tan sutil) patada si invades su espacio, en donde entras en un sistema de competencia que te orilla a perder amistades (aunque he de admitir que mis amigxs más cercanxs son bailarines), donde debes tolerar el acoso de productores, directores, profesores y coreógrafxs a cambio de proyección en el medio, en donde se reproducen los roles de mujeres frágiles, histéricas, sumisas, enamoradas, abnegadas o que giran en torno a uno o más hombres, donde vemos estereotipos regidos por los cánones de belleza del siglo XIX con mujeres ‘bonitas y agradables al ojo masculino’ o del mismísimo Balanchine: delgadez extrema y piernas largas aunque esto implique que las chicas desarrollen terribles desórdenes alimenticios y aprendan a odiar su propio cuerpo y calidad de movimiento para lograr el ideal del o la coreógrafa. Claro, aunque el proceso creativo esté salpicado de violencia emocional y verbal avalado por quienes tienen mayor experiencia en el grupo.

 Es difícil reconocer acciones escénicas misóginas en diferentes coreografías ya que si bien son invisibilizadas en la cotidianidad, como espectadorxs no percibimos tan fácilmente esta lectura en escena. Encontramos obras donde con pretexto de romper la cuarta pared, las mujeres en el público son acosadas por los actores y las actrices dirigidxs por el o la directora en nombre del arte. Igual hallamos a bailarinas representando el papel de chismosas, histéricas, “zorras”, locas, responsables de alguna tragedia derivada de los estereotipos de asociados con el género femenino. Podemos ver una significativa diferencia entre la cantidad de coreógrafas y la validación de sus obras con relación a la de los coreógrafos hombres.

 Durante el Encuentro Nacional de Danza, Haydé Lachino escribió un artículo sobre el machismo dentro de las propuestas coreográficas e integró un formato para evaluar si una obra era o no machista. Recuerdo que la reacción de algunos coreógrafos fue inmediatamente a la defensiva, reacción común cuando los privilegios son cuestionados. Normalmente los artículos de Lachino suelen ser bastante difundidos y leídos. Este, particularmente, no lo fue.

 Estamos en un momento de la danza donde vemos coreografías con una fuerte carga misógina y eurocentrista pero son bien recibidas y aplaudidas por el público mexicano. Espejos por diamantes. También vemos reproducido el estereotipo de la femme fatalle o el de la mujer bonita es la que lucha, invisibilizando la lucha de miles de bailarinas por conseguir un papel en una obra, un lugar en una escuela o un espacio en un salón de danza.

 Durante mi proceso académico, asumí que estas prácticas eran cotidianas y necesarias. Las relaciones de bailarinas jóvenes con creadores y profesores de mayor edad eran, y siguen siendo, secretos a voces en los que obviamente la peor carga del “chisme” la lleva la chica. Recordé el caso de una estudiante de danza que fue abusada por un profesor que contaba con un gran prestigio por su preparación académica. En ese caso, como la chica no era parte de ningún grupo en especial, no contaba con el apoyo de nadie y recuerdo a más de una persona haber dicho: “lo está inventando, es mentira”. He preguntado a diferentes personas que conocieron del caso y nadie sabe qué fue de ella, mucho menos qué sucedió con la denuncia que presentó.

 Dos amigas bailarinas denunciaron a través de una red social dos situaciones claras de abuso: una sobre plagio y otra sobre abuso sexual. En ambos casos los denunciados tenían, y siguen teniendo, cierto prestigio dentro del medio. Hubo quienes se les acercaron “en secreto”, “donde nadie más se enterara” para ofrecer su apoyo pero sin que se evidenciara “porque ya sabes cómo es esto”. En el mes de julio, una trabajadora del Museo de Arte Moderno publicó una carta en la que narra el abuso sexual que sufrió en febrero por parte de otro trabajador del MAM. Él fue amonestado verbalmente, ella fue despedida. Cuando pidió apoyo de la artista, quien en ese momento exponía sobre la violencia contra las mujeres, ésta se limitó a responder que se sumara a su exposición sin emitir ningún tipo de pronunciamiento contra lo ocurrido en el recinto donde exponía su obra.

 Me parece totalmente incongruente cuando, aun teniendo conocimiento de estas prácticas, podamos salir a gritar a las calles #FueElEstado pero se siga colaborando con este tipo de gente ya que esto tolera y propicia el abuso. Y no sólo eso, manda un mensaje bastante claro a las víctimas: no importa tu historia, no importa tu versión, así funcionan las cosas y por respeto al gremio (y por mantenerme en el mismo) así seguirán o bien, “aprende a escoger a tus amigos”. He tratado de mantenerme al margen de este funcionamiento que siempre me ha parecido poco ético. Además siempre me ha generado malestar la condición clasista y elitista dentro de la danza, especialmente la clásica y la contemporánea.

 Cuando surgen movimientos sociales que te otorgan un estatus si te sumas y te vales de la lucha de los de siempre para tomarte la foto en la marcha y subirla a Instagram, a Facebook o a Twitter; pero en tu realidad inmediata dentro de la danza sigues criticando a la chica a la que nunca le saldrá la secuencia de la diagonal, como maestrx sigues ridiculizando a tus alumnxs para reafirmar tu posición, como bailarina o bailarín sigues involucrándote con gente poco ética pero que es parte de la pequeña élite que marca la pauta de lo que sí y lo que no es danza, como coreógrafx sigues creando obras a las que siempre va el mismo público y no te importa hacer contacto con el espectador (aunque el discreto encanto de tus privilegios clasistas provengan de los impuestos de la población).

 ¿Cómo podemos criticar lo que sucede allá afuera si no actuamos en nuestro entorno inmediato? ¿A dónde quiero llegar con esta exposición de loquetodossabemosynuncavaacambiar? Considero que es fundamental reconocer, visibilizar y denunciar todos los tipos de violencia en los espacios inmediatos. Negarte a hacer aquello con lo que te sientes incómodx. Atreverte a denunciar y actuar en consecuencia. No solapar actitudes machistas, clasistas y elitistas que no cuestionan y mantienen intacto al círculo de poder. Deconstruirnos constantemente en nuestros roles; visibilizar, cuestionar y asumir los propios privilegios.

 Generar propuestas con perspectiva de género no es, en absoluto, hacer encuentros de danza de puras mujeres con motivo del día internacional de la mujer. Porque inclusive, en estos encuentros es visible la jerarquización. Rara vez he visto grupos autogestivos con lenguaje contemporáneo y experimental en el Encuentro de Mujeres en la Danza. No está de más mencionar que he leído el nombre de algunas coreógrafas repetido en distintas ocasiones en este ciclo.

 Lo repito: es necesario visibilizar y nombrar la violencia de género no para victimizar y re-victimizar a las mujeres, sino para no permanecer indiferentes y poder incidir de manera directa en nuestro patriarcado interno. El 31 de julio nos vimos impactadxs y trastocadxs por el multihomicidio ocurrido en el 1909 de Luz Saviñón, donde fueron asesinadas cuatro mujeres y un fotoperiodista. Cuatro feminicidios más en un país donde se registra un promedio de seis diarios. Un periodista veracruzano más, Rubén Espinosa, asesinado en un sexenio en el que ser crítico con el gobierno y señalar actos de corrupción se convierte en un peligro constante. Nadia Vera, productora del festival Cuatro X Cuatro, promotora cultural y defensora de derechos humanos señaló en un video que corría riesgo y ese era el motivo de su exilio a la Ciudad de México. Nuevamente hallamos la invisibilización y la estigmatización posterior de la vida de estas cuatro mujeres en notas periodísticas sumamente irrespetuosas como la publicada por el periódico Reforma o la falsa declaración difundida ampliamente en diversos medios para dejarnos claro que ellas se lo buscaron. Esta masacre, de la que ahora nos vienen a contar que fue un robo, es un claro mensaje para atemorizar a la población, para amordazarla, para que nos quedemos quietas e inmóviles. Yo, por lo menos, me niego a hacerlo.

 Este 24 de abril diferentes mujeres (trans, cis, lesbianas, solteras, casadas, trabajadoras, estudiantes, desempleadas) desde nuestras individualidades o colectividades, saldremos a tomar las calles para gritarle a este país que estamos hartas de la violencia feminicida y misógina. Estamos cansadas de ser tildadas de locas y exageradas mientras mueren siete mujeres a diario víctimas de feminicidio. Estamos cansadas de ver a funcionarios públicos ratificados en sus puestos con denuncias por hostigamiento y acoso sexual. Estamos cansadas de abandonar nuestra residencia por vivir amenazadas. Estamos cansadas de que juzguen nuestra sexualidad (si somos muy dejadas o muy recatadas). Estamos cansadas de que nos hostiguen por redes sociales, amenazándonos de muerte o violaciones correctivas. Estamos hartas de que sigan existiendo hombres que nos sigan viendo como su propiedad. Estamos cansadas de vivir acoso callejero y de ser educadas desde niñas para agradecer “piropos” que no pedimos.

 Exijo vivir en un país donde ser mujer, ser periodista, ser activista, ser campesinx, ser maestrx, ser niñx o tan solo alzar la voz no sea un peligro constante. Exijo que entre mujeres dejemos de competir bajo cánones establecidos por hombres y que obstaculicen nuestra sororidad. Exijo que la violencia de género no sea invisibilizada y sea erradicada, donde los coreógrafos y “maestros” (nuevos y viejos) dejen de hostigar y utilizar a las bailarinas sexual, emocional, laboral y escénicamente. Es necesario replantear los roles cultural y personalmente; pero también es necesario dejar de normalizar la violencia de género en nuestro medio y en nuestras vidas. Me parece increíble escuchar a mujeres supuestamente humanizadas y sensibilizadas por la danza justificar agresiones contra sus propias colegas, así como me parece inconcebible leer a mujeres que jamás se pronuncian en contra de la violencia de género pero aplauden los logros del género masculino sin cuestionarlo. Este es un llamado a revisar nuestros privilegios pero también a reforzar nuestra sororidad como mujeres.

 En un país donde la violencia impera, el arte y la educación se vuelven piezas claves que pueden fungir como catalizadores de una transformación social. Tenemos la opción constante de arriesgarnos y mover la estructura o de ser simples espectadores indiferentes a lo que sucede en nuestro entorno, refunfuñar detrás de nuestros dispositivos y conservar nuestros pequeños privilegios.

...

*Feminista independiente. Docente y creadora escénica. Actualmente desarrolla el proyecto Uppercut y Érase una vez: cuentos por la equidad de género para niñas, niños y toda la familia. Colabora como intérprete en el grupo Sensodanza en el proyecto coreográfico “Humano”.

1 comentario

  • Escrito por : Adriana H. | Friday, 22 April 2016 00:35

    Me quedé helada pero más motivada y fortalecida con la sensación de acompañamiento en lo que puedo hacer desde mi trinchera: me mantengo atenta en todo momento y contexto para no volver a permitir ni tolerar ningún tipo de abuso hacia mí y en mi vida, por parte de nadie, venga de hombre, mujer, dependencias públicas, etc... Hacer este ejercicio dignificante es un gran paso para construir y sumar al camino que está en desacuerdo con la cultura del abuso.

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