Fluir: tejiendo comunidad

Por Johana Segura y Fabián Guerrero en ¿Quiénes somos?
Friday, 20 June 2014 17:09

Este es el texto con el que presentamos Fluir en el Encuentro Nacional de Danza.

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La danza y la palabra siempre han estado unidas. La danza es un arte inasible, no se puede tocar, está diseñada para ser representada, nace en el escenario y muere en él. Vive en el instante y en el presente. Si bien existen sistemas de notación para fijar coreografías, la danza necesita de cuerpos, de espacio, de aire, iluminación, público, etc. para existir, para ser ese arte que nos seduce. La palabra tiene mucho de eso. Lo que estamos diciendo en este momento tiene ese carácter volátil y efímero, también se anida en el presente y en el instante, acaso con la esperanza de permanecer en la memoria de alguno de ustedes. Sin embargo, con la misma velocidad del sonido con la que llega hacia ustedes, se va.

La palabra impresa busca fijar, hacer que las ideas permanezcan en el tiempo. Los libros, revistas… las publicaciones en general contribuyen a construir la historia. Guardan la memoria de las sociedades. Divulgan lo sucedido a personas que no estuvieron en el momento y en el lugar. Permiten plasmar ideas de una manera clara y ordenada. Contribuyen para la construcción del conocimiento. Esa fue la revolución que Gutemberg inició con la invención de la imprenta: democratizar el conocimiento, llevarlo a más lugares.

Y ante todo esto me pregunto: ¿qué perderíamos si no existieran las publicaciones de danza? ¿La danza sería igual?

En una entrevista recién publicada con Lucia Naser, Margarita Tortajada reflexiona:

“¿Para bailar se necesita tener una postura teórica? Pues no, pero de hecho la tienen, aunque no la asuman. ¿Nijinsky hubiera sido mejor bailarín si hubiera leído a Paul Valéry? Pues no, o no sé, pero hubiera sido un bailarín y coreógrafo más completo y quizá más feliz”.

Tortajada nos da una clave: “ser más completo y más feliz”. El vehículo que nos lleva ahí es ese objeto que busca nuestra mirada para ser leído. Los libros y las revistas toman fotografías de su tiempo y nos permiten ubicarnos, saber de dónde venimos, qué se hacía, qué se bailaba, cuáles eran las inquietudes y problemáticas de su tiempo. Eso nos permite conocer, aprender y superar. Nos da la oportunidad de sabernos parte de una comunidad, ser conscientes de que estamos siendo parte de la historia de la danza. Es la oportunidad de aprender de experiencias y conocimientos de otros, compartirlos. Las publicaciones son una ventana al mundo, no sólo para ver lo que sucedió en el pasado, sino para entender el presente y vislumbrar el futuro, atisbar caminos. Por esas y otras razones creo firmemente que las publicaciones especializadas en danza aportan mucho a la escena. Y no sólo aportan sino que son necesarias.

Y con esto no quiero caer en la idealización del libro y decir que leer te hace mejor persona y un ser perfecto, etc. No. No basta leer para ser el mejor ser humano del mundo. Pero sí fortalece el conocimiento, nos plantea escenarios nuevos y diversos. Nos hace entender la complejidad del mundo y el ser, la diversidad de opiniones, teorías, corrientes. Rompe la idea de un mundo único, unidireccional. Nos aterriza como seres sociales, que dependen de otros y complementan a otros. ¿Qué sería de nosotros sin los otros? ¿Si, por ejemplo, Isadora Duncan no hubiera escrito su Arte de la danza la entenderíamos igual, bailaríamos igual? Y como éste tantos casos.

Por ello son necesarias las publicaciones y su desarrollo y éxito: construyen conocimiento, lo fijan y lo hacen accesible a muchos.

La invitación es a ser “más completos y felices”. Bailen, exploren su cuerpo y sus movimientos, pero no olviden la otra parte de su formación que da la teoría. Intenten plasmar sus ideas y consideren la escritura de la danza como otra área de desarrollo. En la investigación, los libros, la lectura y la redacción podrán encontrar una manera noble de apoyar la danza y darla a conocer a más gente, explicarla o complejizarla.

Bailen. Lean. Escriban. Fortalezcan su formación. Dense la oportunidad de aprender, discutir y disentir con las ideas que otras personas tienen de ese arte que amamos y construimos. Crezcamos como comunidad. Maduremos y acostumbrémonos a discutir públicamente, con respeto. Atrevámonos a decir las cosas que necesitan ser dichas, sin chismes ni rencores. Denunciemos a quien lo merece. Aplaudamos a quien lo merece. Exijamos lo que merecemos. Fluyamos.

El espacio para que esto suceda es el espacio público. Y ese espacio público puede ser una revista. Así concebimos en Fluir la labor de editar. Así concebimos una revista, como un espacio abierto y público. O una casa. Nos gusta mucho la idea de una casa. Un espacio para ser habitado, para sentarnos a la mesa y conversar. Tomar un café o una cerveza. Por eso generamos este espacio. Deseamos que lo que enuncié arriba ocurra. Necesitamos generar confianza, trabajar mucho y seguir trabajando. Encontrar los contenidos y los autores que enganchen al público, el lenguaje indicado. También tenemos fallos que hay que afinar.

La revista tiene una estructura dividida en varias secciones que cubren varios aspectos: historia de la danza o ensayos acerca de ésta, crítica de obras, entrevistas, panorama de la danza dentro y fuera del país, otras artes relacionadas, noticias y directorio. Cada una tiene el nombre de una coreografía. Pero el activo principal de Fluir, como toda publicación, son sus lectores y, sobre todo, sus autores. Tenemos un abanico amplio de colaboradoras y colaboradores, desde investigadores y periodistas reconocidos y especializados, hasta jóvenes investigadores y creadores, así como personas de otras artes que se animan a escribir sobre danza. Abrimos el espacio a personas en formación que aún no tienen un nombre o una gran pluma, quizá eso atente contra la “calidad”, pero preferimos formar un futuro crítico o periodista de danza que cuidar nuestro nombre. Pensamos en el futuro. El centro y eje es la danza, no el nombre o el “prestigio o fama” de quienes hacemos la revista. Este es un espacio abierto. Quien quiera lo habita. El requisito básico es que esté bien escrito, que se fundamente y argumente lo que se dice y que no se haga publicidad disfrazada de artículo. En ese sentido, tenemos una política editorial muy flexible. No somos restrictivos y respetamos la opinión de quien firma.

Creemos casi religiosamente que la labor de editar es en realidad la de hacer comunidad, este es un concepto vital para nosotros. Hacer una revista o editar un libro es tejer redes, unir a quienes están lejos, presentar a quienes no se conocen para que puedan entablar un diálogo.

Lo que buscamos es que Fluir sea un espacio incluyente, que dé la palabra a todas las voces, que detone reflexión, discusión, análisis; que nos ayude a pensarnos en nuestro quehacer, que informe de lo que acontece, que abra espacio al disenso, a la crítica frontal pero argumentada. Queremos una publicación que hable de los problemas que enfrenta la comunidad: falta de apoyos, ausencia de seguridad social, compadrazgos, público escaso, etc., que dé voz a quienes se inconforman y se organizan para mejorar las condiciones laborales, para quienes denuncian injusticias desde la creación. También para quienes hacen bien las cosas y animan la escena. Queremos un espacio libre de instituciones. Un espacio para ser habitado y construido en comunidad.

Estamos en la construcción de ese espacio. Los invitamos a entrar, sentirse cómodos y, de frente, construir y enseñarnos.

Y como este espacio no fue suficiente, fue que decidimos crear un proyecto más amplio y ambicioso: una editorial que nombramos (in)Fluir Ediciones. Decidimos publicar libros impresos y digitales especializados en la danza y artes escénicas, pero teniendo la danza como columna vertebral. Buscamos llenar ese vacío de publicaciones que existe. Dar títulos que sirvan al estudiante en formación, al ejecutante formado, al investigador, al coreógrafo, al docente, etc. Somos también una empresa de servicios editoriales al servicio de la comunidad.

En verdad creemos en todo lo dicho anteriormente, en las bondades de las publicaciones y la importancia de complementar la formación mediante éstas. Por ello decidimos arriesgarnos en esta aventura. A pesar de voces que nos aconsejaron no hacerlo. No perder nuestro dinero “pues los bailarines no leen”. Nosotros somos necios y creemos en la comunidad. Nos aventamos al vacío con la confianza de que alguien nos aguarda allá abajo.

Y aquí estamos, buscando esa red que amortigüe el golpe, la caída. Pues hacer libros y revistas es hacer comunidad, es tejer redes y complicidades. Y repito, aquí estamos buscando complicidades y afinidades.

Esperamos que alguien recoja esta botella tirada al mar. La puerta de esta casa está abierta.

Agradecemos su tiempo y paciencia. Agradecemos especialmente a quienes nos pusieron frente a ustedes (Coordinación Nacional de Danza), a nuestrxs colaboradorxs, lectores y especialmente a Jonathan Maldonado, carnal que nos presta su voz para presentarnos frente a ustedes, y que nos brinda además la generosidad de su pluma en este Encuentro; otro agradecimiento a Gustavo Emilio Rosales, otro carnal en quien hemos encontrado complicidad, claridad y sinceridad, y que también nos dará voz en la presentación, más tarde, de nuestro libro de danza butoh.

Gracias.

Sigamos fluyendo.

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FOTO: La consagración de la primavera, de Delfos

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