Festival Yucatán Escénica 2016: Un Festival de latitudes

Por Edén García en Cafe Müller
Wednesday, 30 November 2016 00:00

 

El pasado 19 de noviembre concluyó el VII Festival Yucatán Escénica 2016 que tuvo como sede el Conservatorio de Danza de Yucatán, espacio que alberga a la compañía Créssida Danza Contemporánea. Durante 9 días, una gran cantidad de personas nos dimos cita a las actividades programadas dentro del festival.

El Festival Yucatán Escénica es resultado de un conjunto de esfuerzos institucionales, encabezados por la maestra Lourdes Luna y el equipo de Créssida Danza Contemporánea, la Red Nacional de Festivales, el Ayuntamiento de la ciudad de Mérida, la Embajada de Francia, HubLab, entre otros. Esta séptima edición estuvo conformada por 10 funciones de danza programadas en la Sala de Arte Créssida, y una más en el teatro Peón Contreras.

Durante el festival se impartieron cuatro talleres a cargo de Milán Tomásik, Francisco Córdova, Beto Pérez y Ángel Arámbula. Es de reconocer el esfuerzo y asertividad del equipo de Yucatán Escénica, al ofrecer a los participantes una oferta amplia de entrenamiento dancístico, con creadores de importante trayectoria escénica y pedagógica en el hacer del cuerpo y el movimiento. Creadores escénicos de distintas latitudes del globo terráqueo compartieron cátedra —y no precisamente en el sentido académico ortodoxo, sino todo lo contrario— en un ambiente de convivencia en la cual el movimiento y el placer de éste fueron protagonistas de sonrisas, diversión e ímpetu del cuerpo en estado de danza.

En estos cinco días cada maestro compartió la filosofía de movimiento y danza, con quienes fuimos participes de ese fluir de saberes y experiencia. Tiempo que en muchas ocasiones no es suficiente —quizás nunca es suficiente— para verdaderamente aprehender o lograr un entendimiento en el cuerpo como parte de estas investigaciones que son transmitidas por las que llevan años trabajando en ello; sin embargo, estos espacios son una excelente oportunidad para conocer tu nivel y conocerte a través de los demás, también fungen para el desahogo de inquietudes e interrogativas que se transforman en puntos de partida, caminos o apoyos en la construcción de un cuerpo escénico.

 

Latitud

Es pertinente resaltar que Yucatán Escénica nos permitió ser testigos de la multiplicidad de discursos y propuestas pensadas desde y para la escena; por medio de la concepción de la latitud se ratificó esta condición como detonante del verdadero encuentro entre el discurrir del pensamiento-cuerpo. Pensamiento que se articula a través de todas esas experiencias y saberes que construimos desde nuestras trincheras dancísticas. Es evidente que la apuesta de Yucatán Escénica apunta a la descentralización de la danza al ser concebida desde una periferia que comienza a consolidarse como un gran proyecto cultural, me refiero a la ciudad de Mérida, Yucatán.

Las características de las cuales se parte para pensar esta latitud, van más allá del universo geográfico —sin deslindarse de obvias condiciones sociopolíticas e históricas que construyen un territorio—. Surgen como punto de partida para pensar este espacio como el lugar en donde se desdibujan las fronteras, donde compartimos y habitamos un territorio en común: la danza. Territorios que se manifiestan en nuestros modos de hablar, pensar, producir y relacionarnos a través de lo que hacemos.

Otra de las características que es importante señalar es la juventud y seriedad con que se asume el Festival. Al ser un festival con apenas siete ediciones, se espera —como en todos—un crecimiento y madurez a través de cada edición y esta edición no fue la excepción; sin embargo, es también necesario pensar este festival en un sentido ambivalente, en el cual el crecimiento y experiencia son derramados e influidos por quienes participamos en él. Al recibir a un importante número de artistas escénicos de distintas latitudes tenemos como resultado un espacio híbrido, concéntrico e idóneo para la convivencia, que surge gracias a esta oportunidad para el encuentro.

Es interesante que la oferta de presentadores y talleres fue conformada por jóvenes artistas que vienen empujando fuerte con un trabajo que es visible en distintos foros del país y el extranjero. Durante el festival se dio cuenta de los universos dancísticos y de poéticas escénicas en la construcción de un discurso estético y filosófico de la danza. Dispositivos escénicos, unipersonales, instalación, improvisación, estructuras canónicas, recursos audiovisuales, circuitos cerrados, cenitales, cyphers y batallas de free style fueron algunos de los elementos que constituyeron una amplia gama de diversidad en las propuestas escénicas y eventos que el festival organizó.

Este ambiente jovial, aunado a muchos otros factores vinieron a propiciar lo que las palabras de la directora del festival auguraban desde la inauguración del festival.

 

¡Una fiesta para la Danza!

 

Una fiesta en que los invitados tenían el gusto de coincidir en la duela, pasillos o en alguna butaca para observar en escena a los amigos, a los compañeros. Una reunión que se suscitó en la tranquilidad y frescura de la península yucateca, misma que deleitó a quienes provenían de otros puntos con maravillas culinarias, naturales y culturales propias de la península.

Igualmente esta festividad fue un excelente pretexto para el acercamiento entre artistas locales, artistas visitantes y público para conocer y entablar conversación sobre distintos temas que construyen vínculos empáticos y simpáticos para la danza.

Asimismo, este festival dio ocasión de presenciar el trabajo de colegas, de artistas de casa, cuyo trabajo y colaboración con el festival fue fundamental para las actividades que vienen a enriquecer este encuentro de manera dialéctica entre lo que ocurre en la península y otras latitudes. Desde una perspectiva general, es probable que sean muchos puntos en común en los que coinciden los creadores locales con sus semejantes. A pesar de la diferencia, la programación consiguió un equilibrio ideal entre lo local y lo foráneo, lo consolidado y lo emergente, lo dispuesto y el suceso.

En este sentido es ineludible hablar de distintos momentos que tuvieron lugar en el festival y que lejos de ser un punto obligado o transcendental de éste, como puede ser la inauguración o clausura, son interesantes pues constituyen un instante peculiar por sus características de no convencionalidad u obviedad.

Por citar alguno de muchos, el jueves 17 después del programa coreográfico del Grupo Especial de Becarios del Conservatorio de Danza de Yucatán (tema pendiente, que abordaré en la siguiente nota) se abrió pista para la noche-concurso de hip hop, un número considerable de b-boys y b-girls nos sorprendieron con todo su arsenal de footwork, freeze, top rock y power moves[i] incluidos entre estos personajes un grupo de niñitas de la Academia MID que dejaron sentir un estilo propio que arrancaba sonrisas, gritos y aplausos de quien las observábamos y nos hizo verdaderamente disfrutar del streetdance. Las batallas por su parte, fueron épicas, y considero que nombrarlas así se queda corto.

Calidades y cualidades en todo el cuerpo de sujetos provenientes de distintos puntos de la península dejaron boquiabiertos a un público que se mantuvo atento hasta casi la una de la mañana. En un punto de la noche, entre toda esta alegoría de estilo y flow, no se hizo esperar la entrada al ruedo de maestros y organizadores encabezados por la maestra Lourdes Luna quien avivó chiflidos y gritos junto a Pancho Córdova, Poncho Aguilar y Henry Torres quienes sacaron a bailar todo mundo a ritmo de Uptown funk ¿A quién no le dan ganas de bailar con esa rola?

En otro momento, creadores, gestores y organización del festival se dieron cita en HubLab, iniciativa yucateca para el desarrollo de procesos de ingeniería tecnológica y comunicación. En este espacio se conversó sobre experiencias y propuestas emergentes en el quehacer artístico de cada uno de los presentes y se discutieron problemáticas que existen en procesos artísticos que se relacionan intrínsecamente con la producción, gestión y desarrollo de estrategias para el trabajo colaborativo.

Será difícil sacar conclusiones de este festival desde este ejercicio de reflexión y memoria de un evento así. En mi opinión —y puedo equivocarme— este festival representó más de lo que asimismo se prometía como un encuentro entre bailarines, creadores escénicos, gestores y publico afín a la danza. Pues se puede dar cuenta de que en la medida de lo posible la oficialidad y protocolos fueron en varios casos innecesarios, por lo cual la atmosfera en que transitaban los participantes no se veía sujeta a los lineamientos obligados de un Festival, pues metafóricamente se acercaba a esta analogía de la fiesta en que se reúnen los amigos, y se hacen nuevos.

Este festival es muestra de la importancia de construir bastiones en donde la danza tenga los espacios e infraestructura necesaria para el desenvolvimiento del trabajo en escena y de quienes hacen posible que éste llegue a escena. Queda claro que Yucatán Escénica es un foro en la escena contemporánea que está creciendo y que tiene claros los objetivos y responsabilidades con su gente y con la que invitan a formar parte del evento.

Sin ser un festival pretencioso, al intentar acaparar magnitudes que están fuera de su logística y trabajando más bien con aquello que puede tener un dominio y los medios para lograrlo, esta fiesta por la danza mantuvo durante nueve días la sala con aforo completo, ningún contratiempo con la programación y actividades en el programa, así como una buena organización y atención por parte del Conservatorio de Danza de Yucatán que ofreció un festival de calidad más que de cantidad.

En resumen, Yucatán Escénica 2016 fue un evento que significó una oportunidad para el encuentro y regocijo de la danza.

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Para  familiarizar con el lenguaje del breakdance http://mundobreakdance.weebly.com/index.html

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Fotos tomadas de facebook del Festival Yucatán Escénica y de Lourdes Luna.

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