Entre serpientes y escaleras

Por Fabián Guerrero en Cafe Müller
Friday, 10 May 2013 19:15

CÍA. ETERNO CARACOL EN EL TEATRO DE LA CIUDAD

Después de los tres campanazos, rodaron los primeros dados y el juego comenzó. Llegamos al Teatro de la Ciudad, unos, dispuestos a recuperar a nuestro niño interno; otros expectantes, distraídos, dispuestos a divertirse. Pero como decía, el juego comenzó: la compañía Eterno Caracol presentaba Serpientes y escaleras, propuesta creada para el público infantil, ese que algunos desprecian y otros tantos temen por su sinceridad, por no saber de nombres o trayectorias, por no tener compromiso con nadie, mas que con su propio gusto; un público sincero y tajante: me gusta o no me gusta. Punto.

Ester Lopezllera, directora y coreógrafa, aceptó el reto, acto encomiable de entrada, pues necesitamos con urgencia formar al público futuro, llevar a los niños al teatro, acercarlos a propuestas escénicas que los atrapen y les muestren otros caminos. Por otro lado, los adultos agradecemos ver, de vez en cuando, propuestas frescas, con humor, sin tanta solemnidad, sufrimiento y clavadez.

La historia comienza con una niña que es obligada a ir a dormir contra su voluntad, así es como vemos su resistencia, su juego nocturno y su entrada a un mundo onírico.

Alicia Sánchez, Marco Antonio Silva y Bernardo Benítez participaron con propuestas coreográficas, por lo que vemos claramente cuatro partes en la obra que definiría: a dormir, soldaditos, la tecnología y yo, y a jugar. El programa no aclara estas partes o cuál creó quién.

En la primera parte, la narrativa es muy clara y excelente el manejo de los visuales, pues clarifican y complementan la acción. Por ejemplo, si la niña está asustada, vemos cómo su corazón late con rapidez. En general, conectó bien con los niños, además por la interpretación, apoyada mucho en la gesticulación.

La segunda parte se desarrolla ya en lo onírico. Ahí es donde vemos aparecer juguetes o muñecos desfilando haciendo diagonales, atravesando el espacio. Visualmente es bello, pero no se entiende bien en el contexto quiénes son o qué hacen ahí. Aquí se utiliza un recurso bueno que es bajar la pantalla a la mitad del escenario y sobre ella ir proyectando imágenes que, en este caso, fue un dibujo de una ciudad. A pesar de subir escaleras con este recurso, llegó la serpiente pues los gráficos no aportaban mucho ni se logró la interacción con la obra. Se pudo explotar mucho más el recurso.

Los dados siguieron rodando y nosotros avanzando en las casillas en la parte que siguió, que fue donde más se conectaron los niños y partió de un recurso muy sencillo. El personaje tiene un aparato de videojuego y otro personaje intenta que lo deje para ir a jugar con él. En ese vaivén se desatan una serie de situaciones que divirtió mucho a los niños y se logró una conexión muy buena, donde participaban, hablaban, se reían. Bien equilibrada la relación teatro-danza. Se desarrolla una historia sencilla y clara, bien amarrada con la danza. Otra escalerita para subir, pero más adelante llega la serpiente, de nuevo: sólo en esa parte de la coreografía se logró una conexión real con el público, y fue porque ahí encontraron un elemento con el que ellos se identificaron, el aparato electrónico, elemento que los ubicó en su realidad para lograr identificación, independientemente del discurso moralizante que había detrás (el punto de vista de la coreógrafa acerca del tema).

Esto evidenció que quienes montaron las coreografías pensaron, en su mayoría, en su propia infancia o en una infancia que ya es ajena a los niños de hoy.

Esto quedó más claro en la última parte, donde vemos un desfile de juegos tradicionales y personajes de la lotería. Fue una parte buena, bella también, pero ¿qué niño sigue jugando Doña Blanca o Lotería? Los personajes andan en este remolino de personajes, rondas infantiles y juegos de mesa, juegan y se divierten; sin embargo, parece que los niños reales no comparten esos referentes ya, lo que los alejó de la representación; no así a los papás, que sí jugaron esos juegos y cantaron las rondas. No sé si esa fue la intención, pero me quedo con la sensación de que la coreografía terminó dirigiéndose más a los papás que a los niños. Otro recurso bueno pero mal aprovechado fue que en el piso del escenario estaba el tablero del juego de Serpientes y escaleras, pero, obvio, no se veía; algunos niños se levantaron para tratar de ver, sin conseguirlo. La tecnología nos da varias opciones para resolver esos casos que parten de una idea muy buena y original.

Así llegamos a la casilla final de estas Serpientes y Escaleras, obra con buenos recursos y que logra su cometido: las familias salen contentas, divertidas, creo que en muchos casos con otra idea de la danza y con ganas de regresar al teatro.

Esta obra se presentará en una temporada en el Centro Cultural Los Talleres (Francisco Sosa # 29, en el centro de Coyoacán, a media cuadra de Jardín Centenario), espacio ideal para esta representación. Lleve a los niños a ver danza este sábado 11, 18 y 25 de mayo, a las 13:30 horas. Informes en el teléfono: 56 58 72 88

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