Día 3: Hello, pájaro

Por Fabián Guerrero en Cafe Müller
Sunday, 06 April 2014 08:41

El tercer día de actividades del festival Entre Fronteras estuvo marcado por la diversidad. Primero, la presentación de un libro de danza, La eternidad en un instante. La danza butoh en voz de sus maestros, publicado por (in)Fluir Ediciones, una editorial especializada en danza y artes escénicas. Mario Bogarín y Fabián Guerrero se encargaron de comentar este libro que acerca las artes escénicas japonesas a nuestro contexto. Un libro que pretende incomodar y sacudir prácticas asentadas tanto en bailarines como coreógrafos, desde una danza que nace como respuesta a las consecuencias de la segunda Guerra Mundial y la colonización norteamericana en el país derrotado, Japón.

Mientras la charla terminaba, Bajo la lápida, con la dirección de Armando Leal (egresado de la licenciatura en danza de la UABC), tomó la entrada del teatro para mostrar Las migajas que nos dejan, propuesta visualmente muy atractiva. En escena vemos aves furiosas. Son las palomas a las que lanzamos migajas de vez en cuando, nos parecen inocentes, portadoras de un símbolo universal: la paz; sin embargo, llevadas al límite (del hambre, por ejemplo) son capaces de matar, de comerse y tragar a otros. Fuerte metáfora de la sociedad presenciamos en el teatro, representada con movimientos circulares, agrupamientos, aves-bailarines en el aire y brusquedad, violencia, rechazo en los cuerpos de bailarines alumnos de la lic. en danza.

 

FOTO: José L. Pérez Cendejas

Dentro del teatro, vivimos una experiencia novedosa. HELLO de Producciones La Lágrima nos invitaba a romper esquemas. Primero, la obra se observa desde el escenario. La invitación es a subir, romper el espacio sagrado. Cuatro bailarines en cuatro espacios delimitados cual jaulas, donde el espectador podía moverse libremente y decidir qué ver. En cada cuadro no había un bailarín, sino una persona mostrándose en su cotidianidad, su búsqueda, su fragilidad, conectándose con nosotros. Mucho contacto visual, diálogos con el público, invitaciones a participar lo que imperceptiblemente fue borrando la línea entre el artista y el público. Ahí, en ese  momento, éramos todos uno.

Esta situación no es fortuita. Bien buscada y planeada por la directora Adriana Castaños quien, en colaboración con la coreógrafa australiana Becky Hilton, y a través de skype y demás herramientas, dio forma a este caudal de sentimientos y experiencias personales de los bailarines que desarrollaron sus propias piezas. Y es que la experiencia se convierte en algo multisensorial, que tiende a multiplicar significados en esa primera parte, pues los bailarines no interactúan. Es un rompecabezas de situaciones y sentimientos que comenzamos a armar.

Todo toma sentido en la segunda parte. El público baja del escenario y comienza el caudal de sentimientos. Una sucesión de textos nos muestras quiénes son las personas que están arriba. Después de la interacción previa, resulta tremendamente conmovedor. Una palabra es la constante en todos los textos: NOSOTROS. Y ahí los vemos, separados pero como un solo cuerpo. Castaños y Hilton logran un equilibrio entre movimiento y texto, es decir, no se estorban. Uno puede leer las frases sin perder las secuencias de movimiento de los bailarines y al revés. Así se logra un conjunto en el que uno también se suma a las respuestas, pues ya está incluido en ese nosotros. Una manera muy sutil y efectiva de incorporarnos. Una obra realmente entrañable que tardó tres años en concluir. Una obra que hace comunidad, que logra que uno quiera ir a abrazar a los bailarines. Una obra que saca los mejores sentimientos en el espectador. Estoy seguro que más de uno salió profundamente conmovido y tocado del teatro. Las palmas de pie no me dejarán mentir.

FOTO: José L. Pérez Cendejas

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