XXX años de Contradanza

Por G'ayla Iliria en Cafe Müller
Monday, 18 March 2013 23:23

Cecilia Appleton celebró, el miércoles 13 de marzo, 30 años de trayectoria con su Compañía Contradanza, en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, donde presentó su obra Proyecto M-H Confesiones de despedida. Obra que trata sobre la relación entre madre e hijo como un proceso de vida con sus encuentros y desencuentros pero donde existe el amor filial.

Un espectáculo en donde desde el programa nos anunciaban que sería multidiciplinario y colaborativo, en donde coreógrafo, bailarín, escenógrafo, iluminador/videoasta, músico, etc. tuvieron que ver en la creación y realización de la obra. Así que en lo personal, despertó mi curiosidad por ver la participación de cada uno de ellos.

La escenografía fue francamente maravillosa, elemento vital dentro de la obra; factor que francamente les aplaudo. Una escenografía modular que nos permitió llenar los huecos, ampliar espectros y generar atmósferas distintas. Escenografía que terminó convirtiéndose en un personaje más dentro del desarrollo de la obra. Mis sinceras felicitaciones para Benjamín Urtiz, la obra no sería la misma sin la escenografía.

La música fue igualmente grata como espectadora, nos transportaba de una atmósfera a otra, de un sentimiento a otro, nos ayudó a entender lo que sucedía y cómo es que se sentían esos personajes en escena. No así los visuales multimedia, que en lo particular me dieron la impresión de ser usados como relleno para dar tiempo a los intérpretes de respirar o como una transición de última hora. Fue un elemento que se esforzaron por utilizar pero que no parecía estar en el mismo nivel de integración que la música o la escenografía. Atinada participación de Arturo Marruenda.

La danza por su lado, tuvo sus altibajos. Aunque el movimiento no era primordialmente propositivo, fue interesante ver a madre e hijo en escena. Vimos a una Cecilia Appleton madura, su interpretación estuvo bañada de matices y texturas que reflejaban sus años de experiencia sobre el escenario. Por su parte Yseye M. Appleton, en plena juventud corporal se sumergió en un movimiento vertiginoso que no respiraba mucho, se empeño en mostrar saltos, caídas, fuerza, elasticidad, técnica y nos daba poca oportunidad de apreciar cualidades de movimiento y sentimiento.

Pero era justo en los momentos en los que Yseye nos daba un respiro de su despliegue de virtuosismo cuando la verdadera danza surgía, fue entonces que fuimos capaces de ver, entender y sentir la relación madre-hijo, el amor filial, el enojo y también el erotismo. Surgió la madre afligida, la mamá gallina, la mamá cuervo, la madre que consuela, la que regaña, el hijo amoroso, el hijo rebelde, el hijo angustiado y el que lucha por ser él por sobre los deseos de su madre pero que al mismo tiempo teme herirla. Fue en esos momentos cuando el movimiento tuvo sentido y más que la forma predominó el diálogo, el mensaje, el sentimiento… en esos momentos pudimos apreciar a Contradanza y su trabajo. Enhorabuena por sus 30 años.

 

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